"Me da un conmell", repetía por tercera ocación aquella mujer a la bella chica que atendía la farmacia, sin recibir siquiera respuesta, mucho menos el solicitado conmell.
Se notaba la repulsión o asco en la cara de la chica, debe haber sido por el olor a orin que presumía la ropa gastada de la viejecita, o el aspecto deforme de sus artrìticas manos, que con mucho trabajo sacaban de una bolsita de plàstico un billetote azul de 20 pesos, al mismo tiempo que decìa tener mucho dolor.
Al ver la mirada fría de la chica, abrí mi maleta tomé algunas pastillas y las puse en su mano, "tenga, con esto se va a sentir mejor", le dije. Tras explicarle como tomarlas y ayudarle a guardarlas en su bolsa, me diò las gracias y terminò diciendo "ya Dios me la mando, porque nada mas tenìa este dinero" "Que Dios me la bendiga mija", y me dio la espalda.
Tomè mi hoja sellada pues habìa terminado mi trabajo en ese sitio y salì, dejandola allì de camino a un "refri" del lugar.
No pude evitar observar detalles aun en la rapidez de ese segundo que la tuve frente a mis ojos,...en su blusa cocida a mano saltaban las puntadas chuecas de un hilo de otro color (¿La habrà cocido ella? pensè), y sus pasitos coronados con un par de zapatos varoniles y polvorientos que algun puberto secundariano le heredò (eso pensè), y en su bolsita de nylon ¡¡tan funcional!! que todavìa no pasan de moda.
Me sentì bien de haberle podido servir, de haber hecho un bien, pero mi conciencia me abofeteò de tal forma que me hizo reflexionar, le habìa dado tan solo aquellas pastillas que tenia a la mano, pude haber buscado màs en mi mochila, yo sabìa que tenìa y tambièn sabìa que ella las necesitaba y no lo hice, la habìa dejado camino a un "refrì", seguramente comprarìa con su billete de 20, algo para tomarse las pastillas y no pensè a tiempo que aparte de tener mas medicinas, en mi bolso habìa dinero suficiente para ser generosa.
Entonces ya no me sentì tan bien, desanduve mis pasos y al llegar ya no la encontrè, me habìa tardado mucho en reflexionar....."Me regalas de esas pastillas que le diste a la viejilla", me dijo la joven bonita de pelo planchado, ¡¡irònico!! tuve que buscar con afàn en mi maleta para darselas. Volvì a partir.
Decidì, tomar conciencia sobre cuanto puedo compartir en un determinado momento, que es justamente eso, la situación, las condiciones, lo que da o le quita valor a este acto que no enriquece mas al que recibe, y que le permite al alma regocijarse con el placer de ese poder dar, que no siempre se tiene.
Mis pasos internos me llevaron hasta una pared con una pregunta escrita "¿Quien cree que da tanto que merece mas de lo que recibe? ¿que merece mas de lo que tiene?",..... me seguì de largo ya habìa entendido que hay cosas que no se deben reflexionar, es tiempo perdido...
Corazón... — 19-06-2005 01:12:14